jueves, 13 de diciembre de 2012

CENTRO DE MENORES VERSUS HOGAR.






No quiero estar aquí, podría ser su “grito de guerra”, pero ¿a dónde irían? porque les guste o no, se rebelen o no, no tienen a donde ir.
Si hay familia, ésta no puede hacerse cargo de ellos, ya que, posiblemente, no puedan hacerse cargo ni de sí mismos. Muchos de ellos tienen padres que tuvieron hijos sin acabar de ser niños y por lo tanto, se inició un problema que terminó por afectar al hijo que trajeron al mundo.
Abandonado pues a su suerte interviene entonces el Estado. Si mientras dura este trasiego el niño se ha hecho mayor o quizás cuente con alguna minusvalía, casi es imposible que sea adoptado o que haya una familia acogedora que quiera hacerse cargo de él.
Es entonces cuando el niño o bien el adolescente pasa a vivir en una Institución. Hoy en día estas instituciones cuentan con cuartos individuales, modernos baños y televisión, pero no nos engañemos con lo que no cuentan es con el calor de un verdadero Hogar.
Los chicos y chicas están bien atendidos, aunque dependiendo del Centro y de quien lo dirija las comodidades pueden variar de uno a otro, pero a tenor de lo que estoy observando estos días, la comida se sirve fría, a veces no es adecuada para niños de seis, ocho o nueve años y no habiendo otra cosa, están obligados a comérsela aunque sepan que ahí fuera las cosas funcionan de otra manera.
Imagínense lo difícil que es para unos padres que los hermanos se respeten y se quieran, pues bien traslademos esta actitud a un centro donde deben de convivir niños y niñas que no se conocen de nada a los que sólo les une la desgracia de no tener un hogar al que volver después de las clases. El nivel de agresividad se dispara y los insultos como arma arrojadiza están a la orden del día. El buen hacer de educadores y voluntarios choca con la rebeldía de estas criaturas que no comprenden por qué son diferentes, se preguntan ¿por qué yo? Y deben encajar el verse privados del amor de unos progenitores.
¿Podríamos en cualquier caso, modificar las leyes o destinar más recursos de forma que estas instituciones tiendan a desaparecer? sin duda, es cuestión de preparar a las familias, hacer seguimientos por parte de los psicólogos y los trabajadores sociales y dotar de una paga a los niños que cubra sus necesidades y que sea administrada por los padres educadores/acogedores.
Un niño privado de cariño, lo buscará el día de mañana y si no hemos sido capaces de educar con amor, lo buscará aunque sea por la fuerza.
Nuestra infancia es nuestro futuro, no olvidemos eso, porque envejeceremos y pasaremos a depender de ellos, si hemos hecho bien nuestro trabajo, posiblemente, ellos y nosotros vivamos en un mundo más humano y más comprometido.
De nosotros depende que sea así.







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