Sería interesante saber qué parte del cerebro se nos ilumina cuando vemos esta foto, en la que un inmigrante acaba de llegar a una playa llena de gente disfrutando de un día de sol y mar en verano. Afortunadamente, hubo muchas personas que corrieron a socorrer a estas pobres personas tapándolas con sus toallas y dándoles agua porque de donde venían, el mar bravo, el frío se había colado por sus huesos y el miedo les había secado la boca.
Nos invadirán, dicen muchos estos días, con el pensamiento irracional de quien se creé superior porque ha nacido en España, pero que sería capaz de todo si viera peligrar su vida y la de sus hijos y sólo quisiera llegar a un mundo mejor y trabajar para sacar a los suyos de la miseria y desolación en la que viven en sus países de origen.
Somos libres de intentarlo, muchos de hecho mueren ahogados en ese intento y el mar se traga sus cuerpos o los devuelve a la orilla, ¿quien sabe?
Nos convertimos en inhumanos cuando creemos estar amenazados y somos incapaces de ponernos en el lugar de estas personas, si, porque son como tú o como yo, solo que han nacido negros y en países con dictadores asesinos y extrema pobreza.
La próxima vez que queramos despreciarlos, hagamos un examen de conciencia y pensemos qué hubiéramos hecho nosotros en su lugar, quizás así seamos capaces de sentir compasión y respeto por quien se juega la vida por un sueño.

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