¿Estamos preparados para morir? Difícil pregunta y en cualquier caso, difícil respuesta.
A los occidentales nos cuesta más pensar en ella, no hemos sido educados para comprenderla. No obstante, hace poco escuché a una persona mayor decir que ya estaba preparado para morir, que no le importaba, que ya había vivido lo suficiente.
Puede que seamos más condescendientes y hasta lo encontremos normal que mueran ancianos, después de todo han tenido una vida, mejor o peor pero larga en cualquier caso.
Pero ¿qué pasa si cuando el que muere es un niño o un joven o incluso un adulto que no ha cumplido los cincuenta?
Entonces la muerte nos parece injusta, nos golpea con toda su crudeza y nos deja muchas veces anonadados, sin encontrar ningún consuelo.
Hay otras muertes que por su crudeza nos espantan, las violaciones con resultado de muerte, los asesinatos, accidentes tontos, evitables, los asesinatos en masa y particularmente la pena capital que rechazo.
En definitiva, no queremos saber nada de ella, la esquivamos, pasamos como de puntillas, pensamos que si no la nombramos quizás se olvide de nosotros o tarde en llegar.
En cambio los suicidas la abrazan como única solución a sus pesares y hay quien crea guerras por el simple placer de ver morir millones y millones de seres humanos.
Para los no creyentes con la muerte todo termina, para los que piensan que todo empieza, mis más sinceros respetos.
A veces no sólo muere el cuerpo, también lo hace el espíritu y vemos muertos vivientes que sólo comen y duermen. Hay tantas muertes como seres humanos, cada uno tiene la suya.
Lo único que espanta a la muerte es la vida por eso debemos cuidarla y disfrutarla porque nadie sabe donde aparecerá esa compañera de nacimiento que todos llevamos al lado.

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