La impotencia es ese sentimiento que se adueña de ti, creando un estado de tristeza al comprobar que no puedes hacer nada para cambiar la situación.
Ese es el estado de ánimo que padecemos la mayoría de españoles, en estos momentos.
Comprobamos como unos políticos a los que se les dio nuestra confianza en las urnas, nos mienten y nos manipulan a su antojo, mientras, a través de la corrupción más generalizada que hemos conocido, se llenan los bolsillos a luz del día sin importarles ya lo que el pueblo pueda pensar.
España ha sido un país de contrastes, difícil si se quiere la mayoría de las veces, de eternos caines unos contra otros, pero si hubiésemos tenido buenos gobernantes y no los que venimos sufriendo hasta ahora, España estaría entre los primeros países de Europa, sacándole el máximo partido a su potencial y no desangrándose en rencillas internas.
Lo realmente lamentable es que, en este país nuestro, hay gente muy preparada que sabe lo que hacer, pero conocedores del hedor que destila la política actualmente , no quieren colaborar y emiten sus juicios en periódicos, despachos o Redes Sociales con una sombra de preocupación y echándose las manos a la cabeza ante tanta estulticia.
Ni siquiera nos queda el consuelo de tener esperanza en una Oposición seria y responsable que contrarreste tanta ignominia, ya que ésta se encuentra metida es su propia corrupción tanto interna como externa.
Llevamos años, bajando la cabeza ante delitos flagrantes, observando atónitos como se vacían las arcas del Estado, se colocan amigos a dedo, se permite que alguien quiebre una empresa pública sin que ninguno atienda a responsabilidades, se mira hacia otro lado cuando se deja en libertad inmediata a líderes mafiosos, demostrando una vez más la historia de Sodoma y Gomorra donde Dios tuvo que arrasar los dos pueblos porque no se encontró a ningún hombre o mujer honrado.
Sabemos que esta situación se puede cambiar, los españoles somos gente trabajadora, que sabe sacarle partido a la vida y no nos merecemos estos gobernantes que nos insultan despiadadamente, llevándonos al caos y la ruina.
Quizás sea hora de ocuparnos de la política, de dejar de ser víctimas y empezar a ser verdugos, de aplicar el famoso "el que la hace la paga", demostrar que somos mayores, adultos y que no necesitamos que el Estado dirija nuestras vidas, pero eso debe nacer como semilla en cada uno de nosotros, somos españoles no nos tembló el pulso cuando tuvimos que luchar contra invasores, actuemos, entonces ahora, como tales.

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