Los escritores somos vanidosos, escribimos para que se nos lea y si gustamos, para que se nos adule. No poseemos ningún decoro, ya que todo lo contamos lo propio y lo ajeno, pero sería imposible dejar de escribir, al menos en mi caso es una necesidad a la que tengo que dar salida.
Me gusta escribir sobre todo, no me cierro a ningún tema, aunque eso, según los puristas no es bueno. Pero, me parece que los escritores somos fotógrafos de lo cotidiano e incluso lo mágico, lo inventado que solo responde a nuestra imaginación, por lo tanto el límite lo ponemos nosotros.
Enseñar a leer a un niño, potenciar su avidez lectora es abrirle un camino hacia lo conocido y lo desconocido, todo está en nosotros, por lo tanto todo está en los libros y da igual en qué o cómo lean, lo importante es darle la más preciada herramienta, la capacidad de pensar por si mismo a través de lecturas apasionantes.
Como agradezco a mis padres o a profesores el afán que mostraban para que yo leyera, empecé así a conocer mundo, desde los clásicos a Julio Verne, tebeos, artículos, pasando por las novelitas de amor que tanto gustaban en aquella época, todo lo que caía en mis manos era devorado y analizado posteriormente sin apenas darme cuenta.
Es por eso, que me apena comprobar como nuestros niños leen cada día menos y sólo aquellos en cuyas casas está arraigada esa necesidad, son niños lectores y por lo tanto serán adultos con inquietudes.
En una época donde la educación atraviesa uno de sus más nefastos momentos, es importante no dejar esta cuestión de lado, porque a los borregos no hace falta educarlos sólo siguen al perro que los guía.

No hay comentarios:
Publicar un comentario