lunes, 25 de febrero de 2013

La ira no nos beneficia, hay que tratar de evitarla, nos altera y cambia nuestra percepción de las cosas. El pasado sábado caminaba al lado de una de mis amigas que ha encontrado empleo pero insiste en sentirse explotada, vaticinando cual Nostradamus que pronto trabajaremos por cero sueldo.
En estas, que recuerdo el consejo de otra amiga mucho más sensata, no contestes, dale la razón, no vale la pena.
En fin, tras diez minutos, decido no darle la razón, porque no la tiene, demonizar a todos los empresarios de España, es inconsecuente y un absurdo. Pero ella está alterada y hace general su queja a toda España, lo curioso es que dice que su trabajo por 800 € netos al mes lo puede hacer un niño de pecho, sus quejas más bien van destinadas a que la empresa no las deja ir veinte veces al baño, ni comer ni beber en las mesas de trabajo a eso lo llama falta de humanidad.
Ya alterada le digo que se despida y busque otra cosa y me dice que es lo único que hay pero que el Gobierno sólo quiere jorobar a los trabajadores permitiendo esa explotación.
No fui capaz de convencerla argumentando que un empresario manda en su empresa, que despide cuando quiere y contrata cunado quiere, que marca sus normas, si no te gustan no te quedas y que quiere que sus trabajadores sean rentables.
Total que me embronqué sin necesidad y esta persona nos dio la cena a la que otra amiga nos había invitado.
No enfadarse es un arte que debemos practicar máxime cuando el que tenemos enfrente, está enfadado con la vida y pretende que tú lo acompañes.
Hay que relajarse, mirar las cosas con la perspectiva de la realidad actual y no dejar que nadie te amargue la vida, ni siquiera tú mismo.

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