Hoy voy a hablar de la pobreza, pero no de aquella que nos queda muy lejana por estar en África, India, Latinoamérica..
La pobreza en España se refleja en los rostros de aquellos que poco a poco van perdiendo la esperanza de alcanzar metas que se propusieron cuando eran jóvenes, sueños aparcados en aras de asuntos más acuciantes y que ahora contemplan como tienen que malvivir muchas veces de la caridad de otros.
Entras en sus casas y te invade una sensación de ser una privilegiada. Conviven con otras personas con iguales o peores condiciones que ellos y añoran entrar en las tiendas y poder comprar sin mirar cada euro gastado solo por el placer de hacerlo o poder comprar caprichos a los hijos sin tener que explicar de donde llegan esas ropas usadas por otros.
Esa pobreza nos es desconocida, o no queremos saber, amparados en nuestras confortables casas, ignoramos todo un mundo que se mueve a nuestro alrededor.
Veo las caras envejecidas de madres o abuelas que han tenido, tienen que soportar carros y carretas que se casaron pensando en los hijos en la casa que comprarían en que nunca se iba a acabar el amor y ahora los sueños rotos y la realidad comparten un piso de treinta metros donde, los hijos los nietos y ellas mismas luchan por sobrevivir.
La pobreza tiene la mirada triste del fracasado, del que jugó y perdió, pensar en ellos nos tiene que hacer recapacitar y si por pequeño que sea podemos aportar nuestro granito de arena para aliviarla hagámoslo sin esperar recompensa, muchas veces la sonrisa o el agradecimiento sincero de los necesitados es un tesoro maravilloso.
La pobreza tiene la mirada triste del fracasado, del que jugó y perdió, pensar en ellos nos tiene que hacer recapacitar y si por pequeño que sea podemos aportar nuestro granito de arena para aliviarla hagámoslo sin esperar recompensa, muchas veces la sonrisa o el agradecimiento sincero de los necesitados es un tesoro maravilloso.

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