domingo, 25 de agosto de 2013

TU NOMBRE ESTA GRABADO EN MI VIDA.

 Sus dedos se rozaron, fue un breve segundo, cuando ambos quisieron coger la copa que el camarero ponía delante de ellos.
 -Perdone, pensé que era mi copa.

-No, perdone usted –dijo ella.


Él se vio reflejado en aquellos hermosos ojos y por un instante olvidó la carta que había guardado con mucho cuidado en el bolsillo derecho de su chaqueta.

-Pues la verdad hemos pedido lo mismo un Margarita.

Ella rió, con una risa fresca, sincera.

-Me llamo Augusta.

-Bueno, mi nombre es un poco más vulgar –sonrió él- soy Tadeo, Tadeo Salcedo.

El camarero trajo la segunda copa y se disculpó por la tardanza echándole la culpa al nuevo que acababa de incorporarse y no andaba muy fino aún.

-¿Nos sentamos Augusta?

-Será un placer Tadeo.

Eligieron un sitio discreto cercano a la barra que a aquellas horas estaba casi vacía. El hotel no era del todo elegante pero conservaba cierto señorío de haber conocido tiempos mejores.

Vistos así, sentados, sus edades podían oscilar entre los cuarenta y cincuenta años, él era un hombre atractivo, su pelo empezaba a ponerse canoso y sus ojos de un azul intenso le daban aspecto de hombre frío, aunque un mechón rebelde que le caía juguetón sobre la frente se empeñara en demostrar lo contrario.

Ella en cambio, era de una edad indefinida, algo menuda y delgada, se movía con gracia aupada en unos imponentes zapatos de salón, posiblemente, muy caros.

-Y bien Tadeo, ¿puedo preguntarte que haces en este coqueto hotel de una ciudad como esta?

El estuvo tentado de contarle la verdad, pero se dijo que ella era demasiado hermosa para mezclarla con penas incurables.

-Pues por lo visto hay una restaurante aquí cerca que hace las mejores “Almejas a la Marinera” de toda Galicia y me he dicho, ánimo muchacho a por ellas.

Ella volvió a reírse, y el pelo que llevaba recogido en una especie de moño informal, se soltó cayéndole por la espalda.

-¿Y tú, cual es tu excusa?

Ella dudo, le pasó lo que a él, ¿qué necesidad había de contar la verdad?

-Pues nunca he estado en Galicia y me dije, coge el coche y recórrela, así sin prisa a mi aire. ¿Por cierto que tal las almejas?

-¿Qué almejas?

Las mentiras no eran su fuerte y en esos momentos la carta le pesaba mucho en el bolsillo, demasiado.

-Si hombre, las que te acabas de cenar.

-Ah, pues, deliciosas, realmente, increíbles ha valido la pena el viaje.

Ambos permanecieron callados durante unos segundos, de pronto el hombre habló.

-Mi hijo se ha suicidado, acabo de recibir una carta suya, bueno, en realidad, me la envía mi ex-mujer, lo encontraron ahorcado hace unos días en el garaje de nuestra casa, su casa, yo ya no vivo en ella, he hecho un alto en el camino, mañana visitaré su tumba.

Parecía que hababa para sí mismo, sin importarle que la mujer estuviera allí, silenciosa, escuchando lo que él quisiera contarle.

-Era mi único hijo, dice que lo hace porque esta vida es un asco y él no quiere vivirla, nos echa la culpa a su madre y a mí por habernos separado, pero en el fondo, creo que nunca estuvo bien del todo, solo que yo no quise verlo, ya ves, médico y no fui capaz de diagnosticar una depresión de caballo a mi hijo, yo que tenía que haberlo protegido, dieciocho años y no quiere, no quería vivir.

Guardó silencio, parecía haberse quitado un gran peso de encima como si al contarlo a otra persona, en realidad a una desconocida, todo cobrara de pronto algo de cordura.

-Me estoy muriendo –dijo ella bajito- no hay solución, me han hecho todas las pruebas posibles y he recibido todo tipo de tratamiento, pero el cáncer avanza rápido, dos, tres semanas con suerte.

       -¿Estás segura de que el diagnóstico es acertado, te han visto varios médicos?

       -Totalmente segura, mi cuñado es internista y de los buenos, me muero y si quieres que te diga la verdad, no estoy ni asustada,
 ni enfadada con la vida.


De nuevo, el silencio se instala entre ambos, mientras, van pasando los minutos, casi se pueden escuchar como suenan las manecillas en los relojes.

       -Oye quizás me taches de atrevido pero tengo una botella de Bourbon en el cuarto, podríamos subir, estaremos más cómodos, hay un balcón con vistas a la bahía.

     -No me parece mala idea, es más te diré que me gusta tu invitación, me recuerda otros momentos, otras vidas, otros lugares.

En el ascensor ninguno dijo nada, encerrados en sus propios pensamientos, dejaron que el aparato contara los pisos, uno, dos, tres.

La habitación de él era muy espaciosa, decorada con gusto, aunque nada estridente. Ella se quitó el abrigo y lo dejó doblado sobre la silla.

Sacó la botella que había comprado por impulso, ayer,  nada más acabar de leer la carta de su hijo y cogió dos vasos, le ofreció a ella el suyo y se sentó en el balcón mirando al mar.

            -Parece que teníamos que encontrarnos, dos seres humanos heridos –dijo ella.

            -Nada es justo, ni lo de mi hijo ni tu enfermedad.

       -No busques justicia en la vida Tadeo, porque no la encontrarás, las cosas suceden y solo nos queda resignarnos.

A la escasa luz de la noche ella no podía estar segura, pero le pareció que él lloraba, que gruesas lágrimas recorrían su rostro de hombre y ella sintió que, en ése mismo instante lo amaba, sin más, así, porque sí.
Se levanto y atrajo la cabeza del hombre hacia su cuerpo, lo abrazó, sintiendo como él sollozaba sin consuelo. El mar estaba allí para ellos para su dolor infinito, el dolor de los dos. Tengo cincuenta años y no quiero morir, no ahora que lo he conocido, rezó ella en silencio.
Poco a poco los sollozos cesaron y el hombre fue recobrando la calma.

            -Siento que me hayas visto llorar, no era mi intención, es la primera vez que lloro la muerte de mi hijo.

            -Como médico sabes que no se deben reprimir sentimientos, hay que dejarlos fluir.

¿En qué momento él se puso en pie, la abrazó y la besó con pasión? Ninguno de los dos supo decirlo cuando después de hacer el amor, ya descansando de la reciente pasión se habían mirado uno al otro. Las ropas esparcidas por la habitación de cualquier forma, indicaban la premura del encuentro.

            No quiero enamorarme de ti –dijo ella- acariciando la cara de Tadeo.

            -Amor mío, ya es demasiado tarde, tu nombre está grabado en mi vida.

domingo, 4 de agosto de 2013

Estimada Alcaldesa de Valencia, este panorama puede verse en el cauce del río casi a la altura del jardín de Las Espérides. Me consta que el día de la inauguración estaría muy cuidado, incluso con sus flores y todo. Pero en Valencia por desgracia las cosas funcionan el día de la inauguración y posteriormente se dejan a su suerte sea un jardín, una plaza, una estación de metro etc.
Nuestros impuestos altamente elevados sirven, entre otras cosas, para mantener la ciudad en perfectas condiciones y no por ejemplo para comprar coches oficiales a los amiguetes, eso por nombrar una de las muchas estafas que ustedes comenten con total impunidad.
Esta foto podría tomarse en muchos barrios degradados de Valencia, paseas por las calles y te encuentras suciedad por doquier, yo le pediría al concejal de turno que pateara la calle, que recorriera como recorro yo barrios, fijándose en lo que está deteriorado y arreglarlo a la mayor brevedad posible.
Los ciudadanos depositamos la confianza en ustedes, muy a nuestro pesar pagamos impuestos abusivos, pero si encima debemos sacar el mocho o la escoba o las tijeras de podar para que su grupo de Gobierno siga comiendo en un cinco tenedores pidiendo un Vega Sicilia o pagando bolsos de marca, alguien debe de irse y le aseguro que nosotros, los ciudadanos no.
Valencia es una ciudad maravillosa, con unas joyas arquitectónicas únicas, rincones donde sentarse a descansar o a leer, pero si dejamos que se degraden, que se ensucien, que se caigan a pedazos, estamos permitiendo un atropello que la ciudad no se merece.
De política a política, si ya le pesa el cargo, si piensa que dio todo lo que podía dar de si, sea honesta y retírese, no caiga en la falta de dignidad, tan común dentro de su partido, hágase un favor y háganoslo a todos los valencianos.
Una ciudadana comprometida.