Antes
de cerrar su casa, ¿quién sabe si para siempre? María miró por última vez la
estancia que hacia las veces de salón y de recibidor. Recorrió cada rincón y en
cada uno de ellos imágenes olvidadas en el tiempo le vinieron a la mente.
Momentos vividos, con su hija, una adolescente que crecía muy rápido,
enseñándole cosas que ella ya no recordaba, porque era una mujer adulta con un
pasado intrincado de vivencias.
Recordó
a sus amantes, casi con exquisita nitidez, cada encuentro, cada caricia gozada,
cada suspiro, un sexo bueno, consentido, agradable. Cada uno de ellos le había
aportado algo, unas veces maravilloso y otras apenas un vago recuerdo.
Pero
por encima de todo, pensó antes de cerrar la puerta, en el paso tan decisivo
que iba a dar.
¿Qué
hacia ella una mujer de cincuenta y cinco años, con una hija adolescente,
cambiando su vida, que tanto le había costado poner en marcha, por las promesas
de amor de un hombre, que hasta la fecha de conocerla a ella había cambiado de
cama, cuando se le apetecía? A pesar, de
haber hecho las maletas, de cerrar ¿temporalmente? su consulta, dudó, todo lo
que dejaba atrás, se creó con esfuerzo y dolor, costó mucho recobrar la
serenidad suficiente para encauzar una vida caótica de vaivenes constantes y
ahora como si fuera una broma cruel del destino, éste le ponía en la tesitura
de elegir, ella con todas sus consecuencias o un amor por construir.
Estuvo
tentada de dejar la maleta en el suelo coger su celular y llamarlo. Calculó que
era la hora del almuerzo, él debía de estar en su despacho comiendo algo
frugal. Abrió el celular y cuando iba a marcar, se dijo así misma que era una
grandísima cobarde, que su vida estaba cambiando, que su pasado le decía adiós
y que nada es eterno y todo es cambiable, que a seiscientos kilómetros un
hombre que decía que la amaba la esperaba para compartir con ella su vida y que
por muy asustada que ahora se sintiera, esas mariposas que ahora tenía en el
estómago se morirían de pena y aburrimiento si ella no tomaba la decisión
arriesgada.
Cerró
el celular, acabó de poner las maletas en el coche y miró su casa por última
vez.
Emprendió
el viaje al cambio, a lo inesperado, al amor que la esperaba ansioso y se dijo:
“¿Por qué no?
