jueves, 24 de abril de 2014

ARGENTINA

Me he vuelto a encontrar con aquel señor  mayor, de aquel banco, de aquella ciudad y me ha preguntado por ti.

Le he dicho que vuelas hacia Argentina y que te has llevado parte de mi corazón contigo, me ha mirado a los ojos y me ha preguntado que si puedo vivir con medio corazón y le digo que no, pero que  estoy aprendiendo porque lo contrario sería morirme y no puedo hacerlo ya que te he prometido que que estaré aquí cuando vuelvas, esperándote.

Mueve dubitativamente la cabeza y me dice cogiéndome de la mano:

 “Mira niña te voy a contar una historia, una vez un joven conoció a una mujer dulce y hermosa que se enamoró de él sin pedir nada a cambio, lo siguió en sus viajes, lo cuidó, lloró con él cuando hubo que llorar y rio con él también. Eran tan felices que su felicidad causaba la envidia de todos, pero un buen día en el que ella se había quedado en casa, él conoció a otra mujer más joven y más bella que la suya y perdió la cabeza, tuvo que mentir y empezó a construir una muralla a su alrededor  evitando que su compañera de viaje de tantos años la traspasara apartándola así de él.

La otra mujer se volvió exigente y caprichosa y él que no veía más que por sus ojos empezó a herir sin querer a la única mujer que le había amado con absoluta entrega.

Un día apareció en la casa una mujer joven, con el gesto airado, llamó vieja a la mujer de él, se rió en su cara, lanzó unas fotos encima de la mesa como prueba de la infamia y se fue con la sensación de triunfo de los miserables.

La mujer recogió las fotografías y las fue mirando de una en una, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas. No dijo nada, lentamente subió a la habitación, hizo su maleta y abandonó la casa dejando como nota las fotografías encima de la mesa.

En otro lugar de la ciudad a otra hora,  él rompía su relación con la mujer joven porque se había dado cuenta de lo mucho que amaba a su mujer,  que había sido su amante, su amiga, su compañera, su confidente, durante los años de tormentas y de calma y que apartarse de ella sería una muerte lenta y dolorosa.

La mujer joven le gritó que ya era tarde que ella se había encargado de decirle a la otra la verdad. La dejó allí insultándole, gritando mientras corría con desesperación hacia su casa.

Encontró la puerta abierta y una sensación de frio y ausencia que le heló la sangre. Recorrió la casa llamándola con el corazón encogido por la pena que iba inundando su vida y que ya nunca le abandonaría".

Calló un momento como pensando, soltó mi mano y se aparto una inoportuna lágrima que le resbalaba por la mejilla.

Sólo me atreví a preguntarle bajito si el hombre de la historia era él y me dijo que sí.

-¿La volvió a ver alguna vez?, pregunte. 

-Sólo una vez, de lejos por la calle, iba de la mano con otro hombre y se reía con aquella risa suya por cualquier cosa que yo absorbía y que era mi motor por las mañanas.

-Niña -me dijo- si el hombre que se aleja ahora tanto de ti, es el hombre que amas, y si estás segura que él también te ama, no dejéis que nada ni nadie estropee ese amor, pelea por él y contra él si hace falta pero no lo pierdas porque el vacío que deja un gran amor perdido no lo llena nunca nada ni nadie.

Yo me convertí en un muerto en vida, viviendo solo de recuerdos que nunca calentaron mi corazón.

Sentí pena por él, pero entonces vi aparecer a una mujer mayor pero muy bella que levantó la mano y sonrió al anciano, éste le devolvió la sonrisa y girándose hacia mí, me dijo: 

“Tarde más de diez años en convencerla para que me perdonara y cinco más para recuperar nuestras vidas pero nuestro amor fue más fiel y fuerte que nosotros y esperó, él  hizo el milagro, niña. Cuida tu amor y él te cuidará a ti”. 

Se levantó, beso mi mano suavemente, enlazó por la cintura a la mujer y se alejaron riendo felices.







martes, 15 de abril de 2014

MANUAL DE BUENAS COSTUMBRES EN LA CAMA



INDICE

1º En la cama de uno.

2º En la cama de otro.

3º En la cama con otro/ra.

EN LA CAMA DE UNO

Vale que es la nuestra, la que nos encontramos todas las noches y fiestas de guardar, pero ello no significa que debamos maltratarla. Está feo comer en ella, ya que dado lo incómodo de la postura seguramente acabará llena de migas y manchones.

Hay que cambiar las sábanas dentro de un tiempo prudente, esto dependerá mucho del dueño de la cama y de su visión de la limpieza.






Cuidado con el juego de cama escogido, ni muy floreado ni muy minimalista, lo mucho carga y lo poco aburre.

Ojo con las masturbaciones, no siempre quedan disimuladas entre las sábanas.

EN LA CAMA DE OTRO

En la cama de otro la cosa se complica, si llegas hasta allí con la suficiente luz y eres un/a tío/tía aseado/a, aun en el fragor pasional, le echarás un vistazo para saber encima de que superficie vas a copular.

Si aquello parece un estercolero, véase apartado “En la cama de uno” quizás sufras un repentino ataque de bajada instantánea de la libido o quizás no y reconozcas tu cama en cama ajena.

Por no hablar de los olores que a veces muy a tu pesar descubres en cuanto tu olfato tiene a bien chocarse de bruces con la almohada.

EN LA CAMA CON OTRO

Con suerte juegas en tu campo y si tienes mascota con la afición a favor, pero ello no significa que ganes por goleada porque aquí prima mucho la pareja que te hayas agenciado.

En este caso aconsejo cerciorarse antes de con quien te juegas los cuartos, vamos que hay que meter mano para no llevarte sorpresas desagradables. En este supuesto y si hay confianza, se aplica el todo vale y haz el amor y si puedes la guerra.

En fin nada nuevo, pero conviene recordarlo si uno quiere cortar orejas y rabo y salir por la puerta grande.