miércoles, 28 de mayo de 2014

TRILOGÍA DE CUENTOS ABSURDOS


Anestesina Buendía, no sentía nada, pero nada de nada, ni los pinchazos, ni besos, ni.... Sus padres que la habían abandonado una noche de tormenta a las puertas del palacio de los Rascamonedas, jamás supieron que le habían salvado la vida haciendo esto, ya que murieron de unas fiebres rosadas en el cuerno de la selva Miteatrevas.

Así creció la joven, rica pero anestesiada de todo contacto y dolor. Sus padres los Condes no le dieron importancia, es más cada dos por tres recordaban aquella noche de tormenta en que Gertrudisquinta, la criada entró toda mojada con un bulto entre sus brazos que se agitaba y lloraba sin consuelo, al cogerla la condesa sin querer le golpeó la cabeza con la mesa pero la niña no dijo nada, siguió llorando con esa pena que ya no la abandonaría durante toda su vida.

Ernestino Agárramela, segundo conde de Rascamonedas por parte de tío materno, cedió a que su mujer se quedara con la niña, ya que ellos no habían podido tener hijos, pero no pocos sustos le dio esta, tanto que un día estando en el Ateneo el mozo gritaba a viva voz.

-Señor Agárremela, señor Agárremela.

El conde se revolvió furibundo en la butaca.

-¿Oiga joven acaso yo voy gritando por ahí agárremela?

-Oh, perdone no sabe cuanto lo siento pero llaman de su casa es una urgencia.

Conociendo la torpeza de su mujer y a sabiendas de que Anestesina no chillaría ni aunque la torturaran  con clavos ardiendo, el conde salió disparado hacia su casa, sin darse cuenta de que se había dejado a su chofer ligando con la limpiadora del Ateneo.

Cuando llegó a casa Anestesina yacía espatarrada al pie de la magnífica escalera de mármol de Carrara, por lo visto se había roto algo pero al no sentir nada la condesa ya se estaba tirando de los pelos, harta de preguntarle.

 La ambulancia entró con gran estruendo en el patio del palacio y dos hombretones cargados con varios artilugios se personaron en el hall.

-¿Dígame señorita donde le duele?

-Pues no sabría decirle, toque aquí y le puso la mano en el muslo.

Su madre que estaba viendo que aquello podía salirse de madre, o sea de ella. Paró en seco los tocamientos, ordenó que la cargaran en la camilla y que se la llevaran al hospital más próximo.

Anestesina no era mala chica, solo que en el transcurrir de los años había aprendido a sacar provecho de su falta de sensibilidad, así que dentro de la ambulancia se desarrolló un nuevo experimento que acabó con los pantalones del joven médico por lo suelos.

Lo cierto es que en la aciaga caída se había roto hasta huesos que sus aristócratas padres no sabían ni que existieran.

El pronóstico más que reservado fue de dominio público porque la accidentada reía y reía sin sentir nada, ajena al triste final que le esperaba.

Por supuesto la familia fue avisada, la primera en llegar  fue su tía Teodora Lanzada acompañada de Giliponcio ya que era miércoles y unos minutos después su primo Oriundo Falcone lo hizo acompañado de su mujer Pirulina, embarazada de cuatrillizos.

Anestesina murió a la una de la madrugada sin necesidad de que hubieran gastado en ella ni una gota de anestesia por lo que a los Condes al salir les regalaron tres botellas de Dom Perígnon en reconocimiento al ahorro.


Cuando reunidos alrededor del ataúd su familia lloraba desconsolada, una rara ave del paraíso se posó obstinada encima, un humo blanco salió de la caja y envolvió al ave que levantó el vuelo alejándose cantarina. Los Condes aún rotos por el dolor entendieron que por fin los padres de Anestesina habían vuelto a buscarla y sonrieron agradecidos…FIN.


TRILOGÍA DE CUENTOS ABSURDOS

Teodora Lanzada, tenía tres amantes, siguiendo las indicaciones de su tía Ataulfa que en su lecho de muerte le susurró: "Uno no es ninguno, dos no está mal, tres la santísima trinidad" .

Como Ataulfa tenía fama de frívola, vamos una golfa de tomo y lomo, la sobrina entendió que se refería a sus amantes, así que tomó buena nota. Todo iba bien hasta que el amante uno conoció por casualidad al amante dos y este por carambolas del destino al amante tres, al que muy a mala leche le presentó al amante uno.

Estando tranquila, relajada, intentando doblegar un bigote que se le resistía, Teodora era rumana por parte de padres, escucho como llamaban al telefonillo con insistencia, se extrañó ya que eran las ocho de la noche, esa hora tonta, que ni fu ni fa.

Cuando comprobó quienes llamaban se le pararon los pulsos, tan solo un segundo o hubiera muerto allí mismo, mentalmente pensó en las posibilidades de hacerse la loca y no abrirles, pero sabía por experiencia, era exmilitar, que los problemas como la balas había que recibirlos de frente.

Les abrió la puerta, sin mostrar el mínimo sentimiento en su bella cara, entraron serios, se situaron delante del sofá de tres plazas, ideal para la ocasión, ella ocupo un sillón estilo rococó que le favorecía al moreno que ya apuntaba bajo de su desaville.

El silencio era tenso, se podía cortar así que fue Dora, Teodora la primera en hablar.

-Si ya sé que esto parece peor de lo que es.

Tontolancia el amante nº uno carraspeo y tomó la palabra, posiblemente, lo habían decidido así mientras reunían el valor suficiente para presentarse en su casa.

-Dora comprenderás que estemos mosqueados, pensábamos que éramos los únicos y ya ves, tres.

Giliponcio asintió con la cabeza y Mendruguin también. Fue en eso momento cuando Teodora descruzó las piernas y dejó ver porque tenía tres amantes en vez de uno, todos tragaron saliva y se revolvieron nerviosos en el sofá.

-Tenéis razón, quizás es hora de decirnos adiós.

Lo dijo mirándoles con esa carita que ponía de niña mala.

-De eso nada saltó Giliponcio, a mí no me importa compartirte, eso sí me pido los miércoles y los viernes.

Mendruguin que hasta ahora había permanecido muy callado con las manos en actitud de rezo, dijo.

-Pues siendo así me pido el sábado y el lunes.

Tontolancia los miró asombrado, pero calibrando que si se retiraba perdería el puesto nº uno, comentó.

-Ea ya que me lo ponéis así me quedo con el martes y el jueves.

Oh, que bien así el domingo descanso, dijo Dora, dicho esto los acompañó a la puerta y cuando cerró se dirigió a su dormitorio, tumbados fumándose un cigarrillo la esperaban Lumbreras García y Pichalío Fernández.

Teodora suspiró, siempre la había gustado en número cinco…FIN.



TRILOGÍA DE CUENTOS ABSURDOS


Oriundo Falcone García era virgen, esto, en realidad, se lo debía a su padre que también lo era y le había inculcado estas ideas rancias al hijo.

Preocupada por la virginidad de su hijo que ya pasaba de los cincuenta, Bigotuna García, exprostituta decidió coger el toro por los cuernos. Llamó a su amiga de penurias y le espeto sin miramientos.

-Casta, soy yo, Bigotuna.

Casta debido a sus días de prostitución era sorda por  los dos oídos, así que leyó en la pantallita del teléfono lo que Bigotuna le preguntaba.

¿Tu hija también es puta como tú? Al principio dudo entre enfadarse ante tamaña grosería pero recordó que sí que Pirulina era puta como lo había sido ella y antes su madre y antes su abuela. Así que contestó.

-Siguiendo con la tradición familiar si, más que las gallinas.

-Pues dile a la niña que tengo un trabajo parra ella, que mañana a las ocho de la noche se persone todo lo guapa que pueda en el hotel “El Polvo Feliz”, sito en la calle Arrastrada nº 5  y suba a la habitación ocupada por Oriundo Falcone.
Por supuesto, antes le darán un sobrecito en recepción. Nada más. ¿Lo has entendido?

-Oye que soy sorda pero no tonta, allí estará te lo aseguro.

Después de colgar Bigotuna llamó a su primo Todolisto.

-¿Todolisto, ere tú?

-Sus órdenes prima ¿en que puedo ayudarla?

Todolisto era ex militar de carrera.

-Necesito una habitación para mañana, eso si que esté limpia y ventilada que nos conocemos, mi marido pasará hoy a pagarla y te dejará un sobre para la chica y una propinilla para ti ¿lo has entendido?

-Perfectamente prima, no se preocupe que se hará lo que usted pide.

Con todos los cabos atados Bigotina García se ajustó el delantal y se dispuso a guisar una avutarda que la miraba con malos ojos.

Durante la comida nadie habló, Oriundo andaba bajicallado preocupado por esa virginidad de la cual ya hablaba casi todo el barrio. Su padre que seguía la tradición familiar de ser virgen, se preguntaba qué estaría tramando su peluda mujer, de ahí su mote.

-Mañana tienes que ir a un sitio y quitarte de encima la maldición de la familia de tu padre.

-Tradición querida, no maldición.

-Bueno da igual, quiero tener nietos y ya no puedo esperar más.

El hijo, una vez conocidos los planes, no dijo nada, obedeció, una vez más a su madre y al día siguiente se personó oliendo a colonia barata en el hotel indicado. Subió a la habitación, se puso cómodo y esperó.

Pirulina llegó un cuarto de hora tarde, ya no era la joven pizpireta de veinte años, con dos carreras y que hablaba cinco idiomas. Recordó aquella época, sus diplomas, a sus profesores dándole la enhorabuena y a ella tres años después destrozada por un majadero que la había dejado arruinada y abandonada todo en el mismo día. Fue tal su rebeldía que se hizo puta, pensó que acostándose con muchos hombres se vengaba de Pascualino Pichabrava.
Por supuesto, con lo años comprendió que se había equivocado pero ya ganaba un buen dinero, mantenía a su enferma madre y se veía mayor para empezar de nuevo.

Llamó a la puerta, Oriundo se levantó se arregló el nudo de la corbata y abrió.
Fue un flechazo a primera vista, él se quedó mirándola y ella no pudo articular palabra, se arrancaron la ropa a tiras, lo hicieron durante horas cambiando la cama por la ducha y la ducha por la cama, él hizo un master en sexo en muy pocas horas y ella se resarció de su rencor y perdonó a todos los hombre como antes los había maldecido.


Oriundo y Pirulina se casaron tres meses después, ahora tienen un chiringuito en la playa la Bella Aurora y dicen que todas las noches rompen la tradición de la familia de él unas siete veces……FIN.

lunes, 12 de mayo de 2014

RELATOS DE LA DUCHA COMPARTIDA 3

He oído llamar a la puerta de Marinela, me parece raro que no me haya avisado así que miro por la mirilla, ya sé que no está bien,  pero me aburro y su vida es tan apasionante.

Lo que veo me deja sin habla, un hombre de unos treinta años muy alto, cuerpo espectacular, se ha apoyado en el quicio de la puerta mientras espera que le abran. Al rato aparece ella, está radiante, en realidad si no fuera porque es rubia y yo morena de tipo nos parecemos un montón. De repente, recuerdo que ha llegado un telegrama urgente para Marinela, así que lo cojo y decido dárselo, total el chico acaba de entrar no creo que ya ande en el baño.

Me sorprende que la puerta esté abierta, que raro, entro y no veo a nadie, me acerco al baño sin decir nada, la moqueta amortigua mis pies descalzos, me asomo y en ese momento alguien me pone un pañuelo en la cabeza y me mete derechita en la ducha, voy a protestar cuando noto como me desnudan con rapidez, camiseta y pantalón fuera y una mano de hombre se desliza por mis muslos, suave, arriba, abajo, mientras noto unos besos en el cuello y como a su vez acarician mi pecho izquierdo, de pronto ya no siento ninguna vergüenza, me doy la vuelta, ahora el pañuelo se ha pegado a mi cara, pero no me importa cojo el miembro masculino que reacciona a mis caricias poniéndose cada vez más duro, el agua está tibia la siento sobre mi cuerpo, el hombre me sigue acariciando los muslos, ahora se posa sobre mi pubis, como reconociéndolo poco a poco, siento que ya no puedo más y le obligo a que me haga el amor, él parece que adivina mis intenciones porque me ha levantado y ahora entra dentro de mí sin dejar de besar mis pechos.

Estamos al borde del desmayo, extenuados, es entonces cuando me quita el pañuelo, yo no sé quien se ha quedado más sorprendido.

-Pero por Dios, tú no eres Marinela.

-Pues no, soy Amparo su vecina, venía a decirle algo cuando me has secuestrado y metido en la ducha.

Y es aquí uno frente al otro mirándonos donde nos sorprende Marinela que acaba de entrar al baño, en una mano una botella de cava en la otra creo adivinar unas fresas.


Salgo de la ducha con la ropa mojada en mis manos, paso por su lado y le susurro, luego pasas y te cuento,  ah y sin bañador, antes de cerrar la puerta oigo como dice: ¡Perra vida!

RELATOS DE LA DUCHA COMPARTIDA 2

Hace rato que Marinela, le ha abierto la puerta a su guapo de turno, no me ha hecho ninguna señal a través de la ventana así que pienso que la prueba ducha ha dado paso a la prueba cama. Me dispongo a apagar el ordenador cuando oigo una sirena, posiblemente de ambulancia que si no me equivoco acaba de parar frente a nuestra puerta, me asomo, sacan a alguien envuelto en una especie de toalla, que grita como un poseso, lo introducen dentro de la ambulancia y esta sale pitando en mitad de la noche. No ha pasado ni un minuto cuando llaman a la puerta, abro Marinela entra como un Miura y se deja caer en el sofá. 

-Mira o eres tú o yo la gafe pero esto es muy, muy raro.

La inercia hace que vaya y coja una botella, la abro con tranquilidad, mientras ella resopla con las rodillas encogidas, lleva un camisón de seda y una bata del mismo color.

-¿Me vas a contar qué ha pasado o tengo que adivinarlo? 

-Te cuento, Antonelo trabaja en la pizzería “La masa blanda” aquella que hay a la vuelta de la esquina, hace días que me atiende solícito y hoy después de la cena y de esperar a que cerrara, le he invitado a casa.

-¿Antonelo el que no para de hablar ni debajo del agua? Oh perfecto -digo- dando ya el primer trago.

-¿Perfecto? Nada ha salido perfecto.

-Mira sé que no es muy agraciado pero es la mar de resalao y aseado a más no poder, eso sí no ha parado de hablar en todo el rato, mientras se desnudaba y cuando nos metimos en la ducha -toma aire y prosigue-
ha sido un no parar, manos por aquí, por allá, parecía un pulpo y yo muerta de la risa, hasta que me lo pidió.

-¿Te pidió qué?

-Pues que va a ser mujer que se la chupara, ya sabes.

¿Yo qué voy a saber si solo he tenido un novio del OPUS y misa diaria? Que para darme un beso me pide permiso el muy inútil, pero me callo para no parecer una paleta de pueblo. Bebe un poco.

-Bueno a lo que íbamos, para esos casos tengo un almohadón pequeño de plumas, lo cojo y yo no sé que le ha parecido que se ha echado hacia atrás con tan mala fortuna que se ha dado con la repisa y se ha abierto la ceja, todo eso mientras tiraba un frasco de gel de cristal y se clavaba cristales rotos en un pie. Mira aquello parecía Martes 13, que de sangre por dios, cuando le he abierto la puerta a los sanitarios mi bañador de Dior era rojo pasión, rojo, Amparo, trescientos euros de bañador blanco de Dior para echar a la basura. Me han mirado raro, los he acompañado al baño y se han llevado al pobre Antonelo que no había dejado de maldecir en todo el rato,  al Central, envuelto en una de mis sábanas para darle unos puntos en la ceja y en el pie, le he prometido que iría a visitarlo y fin. ¡Perra vida!


La veo irse, dice que limpiará la sangre, con suerte llegará al sofá y se caerá en él, el vino es lo que tiene…

sábado, 10 de mayo de 2014

RELATOS DE LA DUCHA COMPARTIDA.


Marinela no es mala chica, la conozco porque vive puerta con puerta en el rellano de mi pequeño apartamento de Berlín. Ambas somos españolas, jóvenes, trabajadoras y con ganas de comernos la vida a mordiscos.

Yo tengo un novio español que viene de visita una vez al mes y al que me da pereza decirle que lo nuestro se acabó, porque también soy una mujer de costumbres y algo vaga para cambiar de pareja, algún día romperé con él, tarea pendiente.

Pero ella es especial, cada dos o tres noches trae un chico nuevo a casa, no me extraña porque es espectacular, uno ochenta, morena, ojos azules y una sonrisa que desarma a un regimiento. Vale, quizás es un poco frívola, pero no hace daño a nadie. Un día llamó a mi puerta y se presentó, yo me acababa de instalar y pasamos a mi cocina donde entre risas dimos muy buena cuenta de una botella de Muga. Entonces me habló de su forma de comportarse con cada nueva conquista masculina.

"Mira yo antes de hacer el amor les digo que hay que ducharse, ojo no lo hago por higiene, que también, sino porque el acto en si me da mucha información. Por eso necesito tu ayuda, como la ventana tuya da a mi ventana del salón, si el chico no me interesa te haré una señal y tú me llamas al móvil, el resto es cosa mía".

Le dije que yo no podía estar pendiente todos los días de si ella recibía visita o no. No te preocupes, me dijo, ya te aviso yo, por lo general no dejo que se queden a dormir, ya sabes cubrir necesidades y poco más.

A mí no me costaba nada hacerle el favor así que a la noche siguiente empezó el espectáculo. A determinada hora comprobé como Marinela se pasaba la mano por el cuello en señal de “Abortamos operación” ni corta ni perezosa la llamé al móvil: “Querida a miga, siento decirte que tu padre ha sido mordido en la selva Amazónica por una serpiente viuda que andaba cabreada por haber perdido a su marido”. Corto, porque si no me da la risa floja.

Al rato llamó a mi puerta. “Hija que mal trago he pasado, me dijo, se sentó en la cocina y yo abrí una botella de vino, la costumbre. Porque no has podido verlo, prosiguió  pero era una preciosidad de hombre, alto, rubio, elegante, vamos que cuando se ha quitado los pantalones, no sin antes preguntarme que por qué usaba bañador para ducharme, he podido comprobar que ahí había mucho hombre. Yo lo miraba hacer, chaqueta, corbata, camisa, calcetines y amiga mía, ahí ha empezado el drama. Resulta que está casado pero su mujer hace el amor muy mal, vamos que él tiene que rematar solo, pero la quiere a morir y no quiere engañarla, esto me lo ha dicho mientras se sentaba en la única silla que yo permito en mi baño, ya sabes para que dejen la ropa. Imagínate un tío de casi dos metros, en calcetines y calzoncillos llorando amargamente en mi cuarto de baño.

¿Y qué has hecho ha habido ducha o no? Pues mujer no, vaya papelón así cualquiera se mete en la cama, le he ayudado a vestirse y le he consolado con un beso en la frente, mientras estaba sentado, que al metro noventa no llego de pie y se ha ido.


Nos hemos acabado la botella de vino, dando algunos tumbos se ha pasado a su casa, mientras abría la puerta la oí decir: “Perra vida”.