Hace rato que Marinela, le ha abierto la
puerta a su guapo de turno, no me ha hecho ninguna señal a través de la ventana
así que pienso que la prueba ducha ha dado paso a la prueba cama. Me dispongo a
apagar el ordenador cuando oigo una sirena, posiblemente de ambulancia que si
no me equivoco acaba de parar frente a nuestra puerta, me asomo, sacan a
alguien envuelto en una especie de toalla, que grita como un poseso, lo
introducen dentro de la ambulancia y esta sale pitando en mitad de la noche. No
ha pasado ni un minuto cuando llaman a la puerta, abro Marinela entra como un
Miura y se deja caer en el sofá.
-Mira o eres tú o yo la gafe pero esto es muy,
muy raro.
La inercia hace que vaya y coja una botella, la abro con
tranquilidad, mientras ella resopla con las rodillas encogidas, lleva un
camisón de seda y una bata del mismo color.
-¿Me vas a contar qué ha pasado o tengo que
adivinarlo?
-Te cuento, Antonelo trabaja en la pizzería “La masa blanda”
aquella que hay a la vuelta de la esquina, hace días que me atiende solícito y
hoy después de la cena y de esperar a que cerrara, le he invitado a casa.
-¿Antonelo el que no para de hablar ni debajo
del agua? Oh perfecto -digo- dando ya el primer trago.
-¿Perfecto? Nada ha salido perfecto.
-Mira sé que no es muy agraciado pero es la
mar de resalao y aseado a más no poder, eso sí no ha parado de hablar en todo
el rato, mientras se desnudaba y cuando nos metimos en la ducha -toma aire y
prosigue-
ha sido un no parar, manos por aquí, por
allá, parecía un pulpo y yo muerta de la risa, hasta que me lo pidió.
-¿Te pidió qué?
-Pues que va a ser mujer que se la chupara,
ya sabes.
¿Yo qué voy a saber si solo he tenido un
novio del OPUS y misa diaria? Que para darme un beso me pide permiso el muy inútil, pero me callo para no parecer una paleta de
pueblo. Bebe un poco.
-Bueno a lo que íbamos, para esos casos tengo
un almohadón pequeño de plumas, lo cojo y yo no sé que le ha parecido que se ha
echado hacia atrás con tan mala fortuna que se ha dado con la repisa y se ha
abierto la ceja, todo eso mientras tiraba un frasco de gel de cristal y se
clavaba cristales rotos en un pie. Mira aquello parecía Martes 13, que de
sangre por dios, cuando le he abierto la puerta a los sanitarios mi bañador de
Dior era rojo pasión, rojo, Amparo, trescientos euros de bañador blanco de Dior
para echar a la basura. Me han mirado raro, los he acompañado al baño y se han
llevado al pobre Antonelo que no había dejado de maldecir en todo el rato, al Central, envuelto
en una de mis sábanas para darle unos puntos en la ceja y en el pie, le he
prometido que iría a visitarlo y fin. ¡Perra vida!
La veo irse, dice que limpiará la sangre, con
suerte llegará al sofá y se caerá en él, el vino es lo que tiene…
Impresionante, como puede alguien, en tan pocas palabras, decir tanto.
ResponderEliminarUf, me encanta tu comentario. Besos.
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