lunes, 12 de mayo de 2014

RELATOS DE LA DUCHA COMPARTIDA 2

Hace rato que Marinela, le ha abierto la puerta a su guapo de turno, no me ha hecho ninguna señal a través de la ventana así que pienso que la prueba ducha ha dado paso a la prueba cama. Me dispongo a apagar el ordenador cuando oigo una sirena, posiblemente de ambulancia que si no me equivoco acaba de parar frente a nuestra puerta, me asomo, sacan a alguien envuelto en una especie de toalla, que grita como un poseso, lo introducen dentro de la ambulancia y esta sale pitando en mitad de la noche. No ha pasado ni un minuto cuando llaman a la puerta, abro Marinela entra como un Miura y se deja caer en el sofá. 

-Mira o eres tú o yo la gafe pero esto es muy, muy raro.

La inercia hace que vaya y coja una botella, la abro con tranquilidad, mientras ella resopla con las rodillas encogidas, lleva un camisón de seda y una bata del mismo color.

-¿Me vas a contar qué ha pasado o tengo que adivinarlo? 

-Te cuento, Antonelo trabaja en la pizzería “La masa blanda” aquella que hay a la vuelta de la esquina, hace días que me atiende solícito y hoy después de la cena y de esperar a que cerrara, le he invitado a casa.

-¿Antonelo el que no para de hablar ni debajo del agua? Oh perfecto -digo- dando ya el primer trago.

-¿Perfecto? Nada ha salido perfecto.

-Mira sé que no es muy agraciado pero es la mar de resalao y aseado a más no poder, eso sí no ha parado de hablar en todo el rato, mientras se desnudaba y cuando nos metimos en la ducha -toma aire y prosigue-
ha sido un no parar, manos por aquí, por allá, parecía un pulpo y yo muerta de la risa, hasta que me lo pidió.

-¿Te pidió qué?

-Pues que va a ser mujer que se la chupara, ya sabes.

¿Yo qué voy a saber si solo he tenido un novio del OPUS y misa diaria? Que para darme un beso me pide permiso el muy inútil, pero me callo para no parecer una paleta de pueblo. Bebe un poco.

-Bueno a lo que íbamos, para esos casos tengo un almohadón pequeño de plumas, lo cojo y yo no sé que le ha parecido que se ha echado hacia atrás con tan mala fortuna que se ha dado con la repisa y se ha abierto la ceja, todo eso mientras tiraba un frasco de gel de cristal y se clavaba cristales rotos en un pie. Mira aquello parecía Martes 13, que de sangre por dios, cuando le he abierto la puerta a los sanitarios mi bañador de Dior era rojo pasión, rojo, Amparo, trescientos euros de bañador blanco de Dior para echar a la basura. Me han mirado raro, los he acompañado al baño y se han llevado al pobre Antonelo que no había dejado de maldecir en todo el rato,  al Central, envuelto en una de mis sábanas para darle unos puntos en la ceja y en el pie, le he prometido que iría a visitarlo y fin. ¡Perra vida!


La veo irse, dice que limpiará la sangre, con suerte llegará al sofá y se caerá en él, el vino es lo que tiene…

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