He oído llamar a la puerta de Marinela, me
parece raro que no me haya avisado así que miro por la mirilla, ya sé que no
está bien, pero me aburro y su vida es
tan apasionante.
Lo que veo me deja sin habla, un hombre de unos
treinta años muy alto, cuerpo espectacular, se ha apoyado en el quicio de la
puerta mientras espera que le abran. Al rato aparece ella, está radiante, en realidad
si no fuera porque es rubia y yo morena de tipo nos parecemos un montón. De
repente, recuerdo que ha llegado un telegrama urgente para Marinela, así que lo
cojo y decido dárselo, total el chico acaba de entrar no creo que ya ande en el
baño.
Me sorprende que la puerta esté abierta, que
raro, entro y no veo a nadie, me acerco al baño sin decir nada, la moqueta
amortigua mis pies descalzos, me asomo y en ese momento alguien me pone un
pañuelo en la cabeza y me mete derechita en la ducha, voy a protestar cuando
noto como me desnudan con rapidez, camiseta y pantalón fuera y una mano de
hombre se desliza por mis muslos, suave, arriba, abajo, mientras noto unos
besos en el cuello y como a su vez acarician mi pecho izquierdo, de pronto ya
no siento ninguna vergüenza, me doy la vuelta, ahora el pañuelo se ha pegado a
mi cara, pero no me importa cojo el miembro masculino que reacciona a mis
caricias poniéndose cada vez más duro, el agua está tibia la siento sobre mi
cuerpo, el hombre me sigue acariciando los muslos, ahora se posa sobre mi
pubis, como reconociéndolo poco a poco, siento que ya no puedo más y le obligo
a que me haga el amor, él parece que adivina mis intenciones porque me ha
levantado y ahora entra dentro de mí sin dejar de besar mis pechos.
Estamos al borde del desmayo, extenuados, es
entonces cuando me quita el pañuelo, yo no sé quien se ha quedado más
sorprendido.
-Pero por Dios, tú no eres Marinela.
-Pues no, soy Amparo su vecina, venía a decirle
algo cuando me has secuestrado y metido en la ducha.
Y es aquí uno frente al otro mirándonos donde
nos sorprende Marinela que acaba de entrar al baño, en una mano una botella de
cava en la otra creo adivinar unas fresas.
Salgo de la ducha con la ropa mojada en mis
manos, paso por su lado y le susurro, luego pasas y te cuento, ah y sin bañador, antes de cerrar
la puerta oigo como dice: ¡Perra vida!
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