lunes, 12 de mayo de 2014

RELATOS DE LA DUCHA COMPARTIDA 3

He oído llamar a la puerta de Marinela, me parece raro que no me haya avisado así que miro por la mirilla, ya sé que no está bien,  pero me aburro y su vida es tan apasionante.

Lo que veo me deja sin habla, un hombre de unos treinta años muy alto, cuerpo espectacular, se ha apoyado en el quicio de la puerta mientras espera que le abran. Al rato aparece ella, está radiante, en realidad si no fuera porque es rubia y yo morena de tipo nos parecemos un montón. De repente, recuerdo que ha llegado un telegrama urgente para Marinela, así que lo cojo y decido dárselo, total el chico acaba de entrar no creo que ya ande en el baño.

Me sorprende que la puerta esté abierta, que raro, entro y no veo a nadie, me acerco al baño sin decir nada, la moqueta amortigua mis pies descalzos, me asomo y en ese momento alguien me pone un pañuelo en la cabeza y me mete derechita en la ducha, voy a protestar cuando noto como me desnudan con rapidez, camiseta y pantalón fuera y una mano de hombre se desliza por mis muslos, suave, arriba, abajo, mientras noto unos besos en el cuello y como a su vez acarician mi pecho izquierdo, de pronto ya no siento ninguna vergüenza, me doy la vuelta, ahora el pañuelo se ha pegado a mi cara, pero no me importa cojo el miembro masculino que reacciona a mis caricias poniéndose cada vez más duro, el agua está tibia la siento sobre mi cuerpo, el hombre me sigue acariciando los muslos, ahora se posa sobre mi pubis, como reconociéndolo poco a poco, siento que ya no puedo más y le obligo a que me haga el amor, él parece que adivina mis intenciones porque me ha levantado y ahora entra dentro de mí sin dejar de besar mis pechos.

Estamos al borde del desmayo, extenuados, es entonces cuando me quita el pañuelo, yo no sé quien se ha quedado más sorprendido.

-Pero por Dios, tú no eres Marinela.

-Pues no, soy Amparo su vecina, venía a decirle algo cuando me has secuestrado y metido en la ducha.

Y es aquí uno frente al otro mirándonos donde nos sorprende Marinela que acaba de entrar al baño, en una mano una botella de cava en la otra creo adivinar unas fresas.


Salgo de la ducha con la ropa mojada en mis manos, paso por su lado y le susurro, luego pasas y te cuento,  ah y sin bañador, antes de cerrar la puerta oigo como dice: ¡Perra vida!

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