Teodora Lanzada, tenía
tres amantes, siguiendo las indicaciones de su tía Ataulfa que en su lecho de
muerte le susurró: "Uno no es ninguno, dos no está mal, tres la santísima
trinidad" .
Como Ataulfa tenía fama
de frívola, vamos una golfa de tomo y lomo, la sobrina entendió que se refería
a sus amantes, así que tomó buena nota. Todo iba bien hasta que el amante uno
conoció por casualidad al amante dos y este por carambolas del destino al
amante tres, al que muy a mala leche le presentó al amante uno.
Estando tranquila, relajada, intentando doblegar un bigote que se le resistía, Teodora era rumana por parte de padres, escucho como llamaban al telefonillo con insistencia, se extrañó ya que eran las ocho de la noche, esa hora tonta, que ni fu ni fa.
Cuando comprobó quienes
llamaban se le pararon los pulsos, tan solo un segundo o hubiera muerto allí
mismo, mentalmente pensó en las posibilidades de hacerse la loca y no abrirles,
pero sabía por experiencia, era exmilitar, que los problemas como la balas
había que recibirlos de frente.
Les abrió la puerta, sin
mostrar el mínimo sentimiento en su bella cara, entraron serios, se situaron
delante del sofá de tres plazas, ideal para la ocasión, ella ocupo un sillón
estilo rococó que le favorecía al moreno que ya apuntaba bajo de su desaville.
El silencio era tenso, se
podía cortar así que fue Dora, Teodora la primera en hablar.
-Si ya sé que esto parece
peor de lo que es.
Tontolancia el amante nº
uno carraspeo y tomó la palabra, posiblemente, lo habían decidido así mientras
reunían el valor suficiente para presentarse en su casa.
-Dora comprenderás que
estemos mosqueados, pensábamos que éramos los únicos y ya ves, tres.
Giliponcio asintió con la
cabeza y Mendruguin también. Fue en eso momento cuando Teodora descruzó las
piernas y dejó ver porque tenía tres amantes en vez de uno, todos tragaron
saliva y se revolvieron nerviosos en el sofá.
-Tenéis razón, quizás es
hora de decirnos adiós.
Lo dijo mirándoles con
esa carita que ponía de niña mala.
-De eso nada saltó
Giliponcio, a mí no me importa compartirte, eso sí me pido los miércoles y los
viernes.
Mendruguin que hasta
ahora había permanecido muy callado con las manos en actitud de rezo, dijo.
-Pues siendo así me pido
el sábado y el lunes.
Tontolancia los miró
asombrado, pero calibrando que si se retiraba perdería el puesto nº uno,
comentó.
-Ea ya que me lo ponéis
así me quedo con el martes y el jueves.
Oh, que bien así el
domingo descanso, dijo Dora, dicho esto los acompañó a la puerta y cuando cerró
se dirigió a su dormitorio, tumbados fumándose un cigarrillo la esperaban
Lumbreras García y Pichalío Fernández.
Teodora suspiró, siempre
la había gustado en número cinco…FIN.
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