viernes, 25 de julio de 2014

LA COMUNIDAD QUE SE ABRE AL FUTURO.

¿Qué es sentirse valenciano? algunos de nosotros amamos la tierra que nos vio nacer, con ese sentimiento inexplicable que nace del fondo de nuestros corazones. No somos excluyentes podríamos vivir en otro país y seguir sintiendo esas mariposas en el estómago cuando regresas a casa, a tu casa, donde se desarrolló tu infancia tu juventud. 
Por eso, nos duele doblemente ver como nuestra Comunidad es maltratada por los sucesivos gobiernos que se han alternado en el poder desde hace ya muchos años. La sociedad valenciana al igual que la española está adormecida, esperando que suceda un milagro que la saque de su modorra y la vuelva a situar donde le corresponde.
 La pluralidad de nuestras tres provincias su situación abierta al mar Mediterráneo, su gente capaces de reinventarse a sí mismos una y otra vez. Aguantando durante más tres de treinta años que nuestros vecinos del norte se apropien de aquello que es solo nuestro, nuestra lengua nuestra cultura trufada de grandes mujeres y hombres que salieron al mundo para hacerlo más grande.
Alguien me dirá que ser valenciano es vivir en Castellón, Alicante o Valencia, sin más, si, postura muy respetable, los sentimientos, el amor a lo nuestro no se fuerza, se siente.
Todos sabemos que debemos ponernos manos a la obra, que la casa era vieja y se ha resquebrajado y por tanto conservando los cimientos hay que elevarla de nuevo, contando con todos los factores sociales, la sociedad debe saber a donde quiere dirigirse qué quiere conseguir, esas metas que todos nos proponemos y que igual sirven para un conjunto de población que aunque con sus diferencias que las hay y son muy buenas, saben que reman en la misma dirección.
Basta de victimismo rancio, de nosotros depende que se nos respete fuera de nuestras fronteras, defendamos lo nuestro mientras con la otra mano lo engrandecemos. Y si somos maltratados o utilizados como moneda de cambio, busquemos a aquellos que sí puedan defendernos, votemos a partidos que sepan ser valencianos, somos un gran pueblo, trabajador, emprendedor, no dejemos pues que mentes estrechas nos convenzan de lo contrario.
La comunidad Valenciana aún tiene mucho que ofrecer a España, sin perder ni un ápice de su identidad, caminemos todos pues hacia ese sueño de libertad y futuro.

martes, 15 de julio de 2014

LOS NIÑOS OLVIDADOS DE OCCIDENTE







“No quiero estar aquí”, podría ser su “grito de guerra” cuando entran en un Centro de Menores por primera vez, pero  les guste o no, se rebelen o no, no tienen a donde ir.

Un niño o joven llega a un Centro de menores por diversos motivos, algunos tiene padres adolescentes que, a su vez, viven con sus padres y los abuelos no pueden hacerse cargo de las criaturas. Otros desaparecen sin más, dejando a los niños al cuidado de algún vecino al que le entregan algo de dinero con la excusa de que  cuando encuentren trabajo, volverán a por el niño, cuando esto no sucede el menor pasa a ser tutelado por del Estado. Cada Comunidad Autónoma se rige por sus normas en cuanto a la tutela de la infancia.
Algunos de estos niños nacen producto de relaciones incestuosas o entre personas con grandes discapacidades.

Cada niño que llega a un Centro de Menores tiene detrás una historia difícil, de malos tratos, vejaciones, abandono e incluso violaciones. Por lo que, tanto el asistente social como el psicólogo abren un protocolo de actuación particular para cada niño, que se llevará a cabo hasta que cumpla dieciocho años y deba abandonar el Centro.

Si mientras dura este trasiego el niño se ha hecho mayor o quizás cuente con alguna minusvalía, casi es imposible que sea adoptado o que haya una familia acogedora que quiera hacerse cargo de él.

Cuando hablas de estas instituciones, el desconocimiento general de la sociedad tiende a pensar en los antiguos orfanatos y en las malas condiciones en las que viven los niños, nada más lejos de la realidad.

Hoy en día estas instituciones cuentan con cuartos individuales, modernos baños y televisión, los niños siguen unas normas de convivencia, hacen tareas como fregar, barrer, mantener aseados los cuartos o ayudar en la preparación de bocadillos.
Surgen, como no, situaciones conflictivas entre ellos, muchas veces se insultan con la intención de ser el más fuerte o el más carismático, tan solo se trata de sobrevivir en la selva.

Las situaciones que se generan son de todo tipo, hay que tener en cuenta que cada niño viene  con una problemática personal distinta, los conflictos surgen a pesar de los educadores y, a veces,  hay que hacer cambios en los grupos para mantener cierta calma en el Centro.

Por sus circunstancias personales, hay niños o jóvenes que no pueden permanecer en el Centro dado que no se adaptan a él o a sus compañeros,  dándose la circunstancia de tener que ingresarlos en centros más “cerrados” quizás con una disciplina más dura.

El voluntariado hace tareas de apoyo al educador, participando con los deberes, en las duchas que son diarias, procurando siempre la higiene de los niños y su limpieza y ayuda en las comidas, puestos que hay pequeñitos que no saben comer solos.

Estos niños no interesan a nadie, algunos, bastantes, son hijos de inmigrantes e incluso chicos negros que han llegado solos a España, por lo tanto tenerlos en los Centros evita saber de ellos, afortunadamente, no siempre es así, hay muchas familias educadoras con hijos propios o no, que desean ofrecerles un hogar a estos niño desarraigados, llevándoselos o bien los fines de semana o durante años.

Es necesario comprender que por mal que los traten sus padres o abuelos, ellos añoran estar en sus casas y se viven auténticos dramas, con niños que utilizan la rebeldía como arma de defensa.
Si nuestra burocracia no estuviera tan abultada y por tanto lenta, algunos de ellos no pasarían el calvario de ir de una familia a otra o de un Centro a otro sin adaptarse a nada ni a nadie.

Es necesario convertirnos en su voz, explicar su situación de niños abandonados y resentidos con la sociedad, educar a las familias para que cada vez más acojan a estas criaturas y les den el cariño que por circunstancias no han tenido. No tenerles miedo, son niños conflictivos porque están asustados y es tarea de todos tranquilizarlos y prepararlos para la vida que llevarán igual que si fueran nuestros hijos.





Fdo: Amparo Blay
14 de julio de 2014

Valencia-España

viernes, 4 de julio de 2014

A TERESA


Todo ocurrió muy deprisa porque tu marido no tuvo a bien avisarme sabiendo que era tu mejor amiga. El destino quiso que me enterara por terceros de que estabas ingresada y fue entonces cuando comprendí tu silencio de una semana que ya empezaba a preocuparme porque tú y yo hablábamos casi todos los días.

Se me hizo largo el pasillo mientras caminaba hacia tu habitación quizás presintiendo lo que mi corazón no quería creer.

Recuerdo que había gente, tus sobrinas, tus hermanos, tu suegra y tú, pero al mirarte pensé, no, no es mi amiga, ella estaba llena de vida, la persona que se remueve en la cama no eres tú. Aún así no sabía todavía qué te pasaba a ciencia cierta hasta que una de tus sobrinas me lo dijo, te morías y no se podía hacer nada por ti, esperar. Quise no llorar pero algo dentro de mí se rompió y aún hoy sigue roto, porque han sido casi cuarenta años juntas, compartiendo tantas vivencias que no caben en un libro.

Volví a entrar en la habitación y me situé al lado de tu cama, tú ya no eras consciente de quienes éramos, quizás nos oías pero mi amiga, la que tantas veces rio conmigo, se había ido y quedaba un cuerpo que ya no podía sostener un cáncer galopante, te morías y había que estar allí, por ti, para ti, porque en tu desesperación te quitabas todo, querías irte.

Así se pasó la tarde, hubo un momento en que me cogiste el antebrazo y estuvimos así unos minutos, supe que sabías que era yo y que te estabas despidiendo, no pude dejar de llorar porque el dolor que sentía tenía que salir por algún lado, te ibas y me arrancabas un trozo de vida y dolía mucho.

Al día siguiente se tomó la decisión de dejarte morir en paz, sin dolor, verte ir tranquila, sin peleas contra la muerte porque tú eras peleona y la enfrentaste hasta última hora.

Nos turnábamos para sentarnos y aguantarte la mascarilla de oxígeno, las horas pasaron lenta hasta que decidí que no quería verte morir, ¿cobardía? No lo sé, solo sé que no quise verte muerta, aunque luego lo hiciera en el tanatorio, pero ver como se te escapaba la vida en un último suspiro, no, no quise.


Tu hermana me llamó a las seis de la mañana de un cuatro de julio de 2013 me dijo que acababas de morir. Colgué el teléfono y lloré………..