LOS NIÑOS OLVIDADOS DE OCCIDENTE
“No quiero estar aquí”, podría ser su “grito de guerra” cuando
entran en un Centro de Menores por primera vez, pero les guste o no, se rebelen o no, no tienen a
donde ir.
Un niño o
joven llega a un Centro de menores por diversos motivos, algunos tiene padres
adolescentes que, a su vez, viven con sus padres y los abuelos no pueden
hacerse cargo de las criaturas. Otros desaparecen sin más, dejando a los niños
al cuidado de algún vecino al que le entregan algo de dinero con la excusa de
que cuando encuentren trabajo, volverán
a por el niño, cuando esto no sucede el menor pasa a ser tutelado por del
Estado. Cada Comunidad Autónoma se rige por sus normas en cuanto a la tutela de
la infancia.
Algunos de
estos niños nacen producto de relaciones incestuosas o entre personas con
grandes discapacidades.
Cada niño
que llega a un Centro de Menores tiene detrás una historia difícil, de malos
tratos, vejaciones, abandono e incluso violaciones. Por lo que, tanto el
asistente social como el psicólogo abren un protocolo de actuación particular para
cada niño, que se llevará a cabo hasta que cumpla dieciocho años y deba
abandonar el Centro.
Si mientras
dura este trasiego el niño se ha hecho mayor o quizás cuente con alguna
minusvalía, casi es imposible que sea adoptado o que haya una familia acogedora
que quiera hacerse cargo de él.
Cuando
hablas de estas instituciones, el desconocimiento general de la sociedad tiende
a pensar en los antiguos orfanatos y en las malas condiciones en las que viven
los niños, nada más lejos de la realidad.
Hoy en día
estas instituciones cuentan con cuartos individuales, modernos baños y
televisión, los niños siguen unas normas de convivencia, hacen tareas como
fregar, barrer, mantener aseados los cuartos o ayudar en la preparación de
bocadillos.
Surgen,
como no, situaciones conflictivas entre ellos, muchas veces se insultan con la
intención de ser el más fuerte o el más carismático, tan solo se trata de
sobrevivir en la selva.
Las
situaciones que se generan son de todo tipo, hay que tener en cuenta que cada
niño viene con una problemática personal
distinta, los conflictos surgen a pesar de los educadores y, a veces, hay que hacer cambios en los grupos para
mantener cierta calma en el Centro.
Por sus circunstancias
personales, hay niños o jóvenes que no pueden permanecer en el Centro dado que
no se adaptan a él o a sus compañeros, dándose la circunstancia de tener que
ingresarlos en centros más “cerrados” quizás con una disciplina más dura.
El voluntariado
hace tareas de apoyo al educador, participando con los deberes, en las duchas
que son diarias, procurando siempre la higiene de los niños y su limpieza y
ayuda en las comidas, puestos que hay pequeñitos que no saben comer solos.
Estos niños
no interesan a nadie, algunos, bastantes, son hijos de inmigrantes e incluso
chicos negros que han llegado solos a España, por lo tanto tenerlos en los Centros
evita saber de ellos, afortunadamente, no siempre es así, hay muchas familias
educadoras con hijos propios o no, que desean ofrecerles un hogar a estos niño
desarraigados, llevándoselos o bien los fines de semana o durante años.
Es
necesario comprender que por mal que los traten sus padres o abuelos, ellos
añoran estar en sus casas y se viven auténticos dramas, con niños que utilizan
la rebeldía como arma de defensa.
Si nuestra
burocracia no estuviera tan abultada y por tanto lenta, algunos de ellos no
pasarían el calvario de ir de una familia a otra o de un Centro a otro sin
adaptarse a nada ni a nadie.
Es
necesario convertirnos en su voz, explicar su situación de niños abandonados y
resentidos con la sociedad, educar a las familias para que cada vez más acojan
a estas criaturas y les den el cariño que por circunstancias no han tenido. No
tenerles miedo, son niños conflictivos porque están asustados y es tarea de
todos tranquilizarlos y prepararlos para la vida que llevarán igual que si
fueran nuestros hijos.
Fdo:
Amparo Blay
14
de julio de 2014
Valencia-España
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