Todo ocurrió muy
deprisa porque tu marido no tuvo a bien avisarme sabiendo que era tu mejor
amiga. El destino quiso que me enterara por terceros de que estabas ingresada y
fue entonces cuando comprendí tu silencio de una semana que ya empezaba a
preocuparme porque tú y yo hablábamos casi todos los días.
Se me hizo largo el
pasillo mientras caminaba hacia tu habitación quizás presintiendo lo que mi
corazón no quería creer.
Recuerdo que había
gente, tus sobrinas, tus hermanos, tu suegra y tú, pero al mirarte pensé, no,
no es mi amiga, ella estaba llena de vida, la persona que se remueve en la cama
no eres tú. Aún así no sabía todavía qué te pasaba a ciencia cierta hasta que
una de tus sobrinas me lo dijo, te morías y no se podía hacer nada por ti,
esperar. Quise no llorar pero algo dentro de mí se rompió y aún hoy sigue roto,
porque han sido casi cuarenta años juntas, compartiendo tantas vivencias que no
caben en un libro.
Volví a entrar en
la habitación y me situé al lado de tu cama, tú ya no eras consciente de
quienes éramos, quizás nos oías pero mi amiga, la que tantas veces rio conmigo,
se había ido y quedaba un cuerpo que ya no podía sostener un cáncer galopante,
te morías y había que estar allí, por ti, para ti, porque en tu desesperación
te quitabas todo, querías irte.
Así se pasó la
tarde, hubo un momento en que me cogiste el antebrazo y estuvimos así unos
minutos, supe que sabías que era yo y que te estabas despidiendo, no pude dejar
de llorar porque el dolor que sentía tenía que salir por algún lado, te ibas y
me arrancabas un trozo de vida y dolía mucho.
Al día siguiente se
tomó la decisión de dejarte morir en paz, sin dolor, verte ir tranquila, sin
peleas contra la muerte porque tú eras peleona y la enfrentaste hasta última
hora.
Nos turnábamos para
sentarnos y aguantarte la mascarilla de oxígeno, las horas pasaron lenta hasta
que decidí que no quería verte morir, ¿cobardía? No lo sé, solo sé que no quise
verte muerta, aunque luego lo hiciera en el tanatorio, pero ver como se te
escapaba la vida en un último suspiro, no, no quise.
Tu hermana me llamó
a las seis de la mañana de un cuatro de julio de 2013 me dijo que acababas de
morir. Colgué el teléfono y lloré………..
No hay comentarios:
Publicar un comentario